¿Quiénes están interesados en nuestro arrepentimiento?
- Dios mismo. “El Señor… quiere que todos se arrepientan”, 2ª Pedro 3:9 (NTV).
- Cristo Jesús. “He venido a llamar a… pecadores al arrepentimiento”, Mateo 9:13.
- El Espíritu Santo. “Cuando él venga demostrará a los que son del mundo dónde hay pecado, dónde un camino hacia la salvación y dónde una condena”, Juan 16:8 (BLPH).
- Los ángeles. “Hay… alegría en el cielo por un pecador… que se arrepiente…”, Lucas 15:7 (NTV).
- Los perdidos que están en tormento. El hombre rico en el Hades le pidió a Abraham: “Manda a Lázaro a la casa de mi familia. Que avise a mis cinco hermanos que, si no dejan de hacer lo malo, vendrán a este horrible lugar”, Lucas 16:27-28 (TLA).
- Todo siervo del Señor. “El siervo del Señor… debe reprender tiernamente a los que se oponen… tal vez Dios les dé la oportunidad de arrepentirse…”, 2ª Timoteo 2:24-25 (NBLH, TLA).3
¿Qué nos lleva al arrepentimiento?
- La benignidad de Dios: “…Dios los trata con bondad, para que se arrepientan de su maldad”, Romanos 2:4 (TLA). “…No es que el Señor sea lento para cumplir su promesa, como algunos piensan. Al contrario, es paciente por amor a ustedes. No quiere que nadie sea destruido, quiere que todos se arrepientan”, 2a Pedro 3:9 (NTV).
- La predicación de la Palabra. “Siempre… anuncié las buenas noticias acerca de Jesús…”, Hechos 20:20 (PDT). “He tenido un solo mensaje para los judíos y los griegos por igual: la necesidad de arrepentirse del pecado, de volver a Dios y de tener fe en nuestro Señor Jesucristo”, Hechos 20:21 (NTV). “…Los habitantes de Nínive… se arrepintieron de sus pecados al escuchar la predicación de Jonás”, Mateo 12:41 (NTV).
- El juicio venidero. “…Dios…ahora ordena a toda la humanidad que cambie su manera de pensar y de vivir. Dios ha fijado una fecha en la cual juzgará a todos…”, Hechos 17:30-31 (PDT).
- La tristeza según Dios. “La tristeza que Dios busca es la que produce un cambio de corazón y de vida (verdadero arrepentimiento). Ese cambio lleva a la salvación y por ello no hay que lamentarse. En cambio, la tristeza del mundo lleva a la muerte”, 2ª Corintios 7:10 (PDT).
La tristeza, el dolor o lamento por el pecado están siempre presentes en el verdadero arrepentimiento; pero el elemento emocional, por sí solo, no es arrepentimiento. La Biblia dice que Judas: “devolvió arrepentido las treinta piezas de plata”, Mateo 27:3. La palabra ’arrepentido’ en este caso describe solamente el sentimiento de pesar al entender la gravedad de sus actos. Estaba en angustia y desasosiego por lo que había hecho. Comprendía su error, pero en lugar de clamar por perdón siguió su camino de pecado. En cambio, cuando Pedro predicó en Pentecostés las personas “se compungieron de corazón” (VRV), “se afligieron profundamente” (DHH), “estas palabras les llegaron hasta el fondo del corazón” (BDA2010), Hechos 2:37. Y buscaron el remedio para su tristeza en Cristo, experimentando el verdadero arrepentimiento.
Evidencias del verdadero arrepentimiento
Existen dos evidencias del arrepentimiento genuino:
- El dolor por haber ofendido a Dios.
- El abandono definitivo del pecado.
- El dolor por haber ofendido a Dios.
Cuando David fue derrotado por el pecado de adulterio renovó el perdón por todos los demás yerros: “Ten misericordia de mí, oh Dios… borra la mancha de mis pecados. Lávame… y purifícame de mis pecados. Pues reconozco mis rebeliones…”, Salmo 51:1-3 (NTV). Como habrás notado, usa el plural. David estaba profundamente apesadumbrado por haber ofendido a Dios. Esa es la tristeza que nos conduce al arrepentimiento, 2ª Corintios 7:10. Pero cuidado, porque la tristeza podría no ser una señal de arrepentimiento. Es posible confesar un pecado, derramar lágrimas de remordimiento y llorar por las consecuencias que ha ocasionado ese pecado en particular y, aun así, no estar arrepentidos realmente. Faraón confesó su pecado: “Esta vez reconozco mi pecado…”, Éxodo 9:27 (NVI), pero no se arrepintió verdaderamente, ya que volvió a obrar de la misma manera, Éxodo 9:34. El arrepentimiento genuino se prueba con el tiempo. Si la persona vuelve una y otra vez a caer en el mismo pecado manifiesta por su comportamiento que no se ha arrepentido. Ese fue el caso de Saúl. David le preguntó por qué quería matarlo, a lo que Saúl contestó: “Más justo eres tú que yo, porque tú me has pagado con bien, y yo te he pagado con mal”, 1º Samuel 24:17 (BTX). Sin embargo, poco tiempo después, Saúl volvió a cometer el mismo pecado, 1º Samuel 26:2; 1º Samuel 26:21 (NTV). Precisamos más que nunca una profunda convicción de pecado; necesitamos derramar lágrimas por el pecado y no por sus consecuencias; dolernos por haber ofendido a Dios y no porque nos han descubierto.
- El abandono definitivo del pecado.
Es muy fácil decir: “Hemos pecado”. Saúl lo dijo, pero sin que su corazón tomara parte; no sentía lo que decía. El que se arrepiente de verdad cambia y se somete a las consecuencias que acarrea su mal proceder. Se siente tan abrumado por el peso del pecado que no quiere otra cosa que sentirse perdonado. ¡Qué inútil es la confesión de labios cuando el corazón no está rendido a Cristo! La mera fórmula religiosa de confesar ligera y precipitadamente un pecado sin sentirlo constituye una gran deshonra a Dios. En cambio, un corazón contrito (arrepentido) es una delicia para el Señor: “…Dios no desprecia a quien con sinceridad se humilla y se arrepiente”, Salmo 51:17 (TLA). ¡Hay esperanza para quien de verdad se arrepiente! ¡Las lágrimas que fluyen de un corazón arrepentido son preciosas para Dios!